25 de mayo de 2016

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Si la perfección tuviese un sonido, sería el de la música tonal. Creo que un momento tan sublime y magistral como lo es la última sonata para el instrumento que tanto marcó la vida de un pianista sordo, y junto a él de manera implícita también la historia universal; tocada de manos de este chileno autodidacta, uno de los mejores pianistas que ha parido América, ante la atenta mirada y escucha de miles de personas en Bonn, Alemania, ciudad natal del susodicho sordo, es una cosa que la Música muy difícilmente podrá superar.

El segundo movimiento me parece una muestra atemporal de la soberbia, el talento y sobretodo la virtud que tenía ese colérico monstruo de nombre Ludwig. Un monstruo tal, que aún hoy día, a casi dos siglos de su muerte, aún sigue congregando a millones de personas que sólo buscan oír sus notas. Más razón no puede tener uno de los comentarios en ese vídeo: "Qué regalo a la humanidad!!!". Teniendo en cuenta esto, quien considere que la música tonal ya no tiene razón de ser, sólo en el momento que esa persona llegue con obras que sean capaces de alterar los hilos del tiempo y modificar el destino de miles de millones de almas, no sólo yo, sino además la historia le dará la razón. Para mi la Música no es un ejercicio de armonía o de teoría, no es un arte que se estudia en lugares de tan baja ralea como lo son los conservatorio, para mí la Música es una manera de ver al mundo, de gritarle lo que las palabras no pueden decir. Mi vida suena en Do menor, así, en estado fundamental, sin añadiduras, ¿y la tuya?.